A finales del siglo XIX, y principios del XX, hubo un movimiento cultural musical que dirigió su atención en la recuperación del repertorio musical anterior a la música de la práctica común. Esta ingente actividad que ocupó a los estudiosos, hastiados por otra parte del repertorio contemporáneo a su época, se centró sobre todo en la interpretación de los documentos manuscritos que se conservan, así como en la reelaboración de instrumentos de aquellas épocas, capaces de emitir sonidos que, ellos creían, sonarían al modo antiguo, a partir de los documentos gráficos, esculturas, etc ...
Las interpretaciones realizadas, quedan pues grabadas en los soportes modernos, como si fueran un testimonio paleográfico, a modo de librería musical fósil. En muchos casos, las mismas melodías creadas en un sistema modal, son reinterpretadas en nuestro sistema tonal, lo que crea cierta confusión en nuestro oido moderno. Además, como las interpretaciones de un mismo tema son muy variadas, poco le queda al auditorio para poder decidir cuál de ellas es la que mejor se ajusta, y todo queda relegado a una elección económica: aquella versión que tiene mayor inversión, marketing, etc ..., es la que nos hacen tragar como la más ajustada.


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